Las palabras crean imágenes en nuestra mente, imágenes que yo hago realidad con mis fotografías... amo y siento lo que hago, quiero que tú lo ames y lo sientas, es por eso, que lo comparto...
Te abracé y la oscuridad se apoderó de mí, la penumbra de tu
sentir nubló mi visión y se desvaneció todo aquello en lo que creí.
Te abracé, deseando detener el tiempo, mas no se detuvo y apretó fuerte en mi pecho un dolor inexplicable, otras veces sentido. Me miraste, vi tu alma vacía y me
quedé sin aliento, dejé mis lágrimas secar al viento y reconocí ese abrumar de
sentimientos.
Y caminé, para no mirar atrás, para ser dueña de mis propios
pasos y que nadie se apoderara de mis sueños, de mis sueños que sueñan con llegar
a ser.
Y caminé hasta llegar a mi camino, haré de cada rincón mi propio
rincón y escribiré mi propio destino, para respirar aromas de felicidad y escuchar carcajadas que iluminen mi
hogar y continuaré esperando caricias al alba, escuchando esas notas de piano
que endulzan hasta los momentos más amargos y acompañan esa soledad, que sin desearlo, amas.
Quiero sentirme libre para echarte de menos, recorrer las calles con mis manos vacías y sentir la falta de las tuyas, quiero respirar el aroma que tú no respiras, abrazar las estrellas y hacerlas mías, con un simple suspiro, sentarme al lado de mi soledad y escuchar de nuevo su susurrar, dejar mi pensamiento volar mientras mis propias manos acarician mi rostro.
Quiero llorar y echar en falta que seques mis lágrimas, volver a escuchar esa melodía de piano y perderme entre mis escritos, quiero correr y que nadie siga mis pasos, mientras busco tu caminar entre miles de personas.
Quiero respirar el aire puro que un día pude respirar, dejar de ahogarme en mi realidad y que cada sonrisa sea parte, de nuestra felicidad.
Quiero por fin mirarte a los ojos y ver llena esa mirada, de todas esas cosas maravillosas que tiene la vida, quiero verte caminar con paso firme sin mirar atrás, cerrar los ojos y recordar tu risa.
Quiero tener la oportunidad de echarte de menos, para así saber lo que es amarte de nuevo, a cada reencuentro.
Amanezco entre sábanas sin sabores de sueños esperados, despierto después de una oscura noche de escuchas silenciadas con lágrimas pasadas, de la tranquilidad ansiada y el dulce amargor de las palabras. Me iré de aquí, con la música a otra parte, soñaré con aquello que tanto anhelo y que en mi camino aparece con recelo, alzando mi aparente vuelo a ninguna parte. Escribiré a mano alzada hasta sangrar esperando a ver florecer mis semillas plantadas. Descubriré, todo aquello que está por llegar y que el paso del tiempo me traerá, larga espera sin desesperos, larga espera de una lista sin fin, donde el amor es protagonista y la tinta de mis bolígrafos es mi alma que danza al compas de mi escritura, sintiendo y echando de menos y de más.
Sólo hay logros por los que luchar, risas que recordar y penas que olvidar y es que la vida me ha enseñado a ser yo, sin miedo a amar, sin miedo a perder, sin miedo a ser y sabiendo que sin querer, puedo ser mi amiga y mi peor enemiga cuando la paz se desvanece sin avisar.
Larga ha sido y seguirá siendo la escucha de mi corazón e intntaré que algunas palabras, sean filtradas por la razón.
Soy yo, sí, volví entre imágines que acompañan mis escritos...
Después de tanto tiempo sin soñar, o sin recordar mis
sueños, despierto de un sueño maravilloso, que deja un dulce sabor en la
comisura de mis labios, mi cabeza se mueve al compás de una bella melodía de
piano, la recuerdo, es de Michael Nyman,
tal vez había sido la banda sonora de mi noche.
Decido salir de mi casa para enseñarle al mundo mi estado de
felicidad, es un día de sol, de un espléndido y radiante sol que acompaña mi
enérgico caminar, mi sonrisa es el vivo reflejo de mi corazón y me pregunto,
¿quién es el culpable de mi felicidad?
El día tiene miles de colores, de vivos colores, miro a lo
lejos, desde el puente, y mis ojos son abrazados por unas vistas repletas de
árboles que tiñen de verde las montañas, y un prado lleno de amapolas que
acompañan con pasión cada latido de mi corazón... el cielo azul está adornado
con nubes blancas, tan esponjosas, tan algodonosas que me imagino saltando
sobre ellas, rebotando una y otra vez, como una niña en una colchoneta elástica,
río placenteramente sin importarme que la gente me mire.
Me pregunto… ¿quién es el culpable de mi felicidad?
Cierro los ojos y vuelvo a escuchar esa melodía, mi cabeza
vuelve a balancearse a su compás, veo miles de imágenes, recuerdos son, de
momentos en los que la felicidad era plena como el día de hoy, fue el sueño
durante mi noche el que hace girar una y otra vez mi mente, sin marear cada
sonrisa dibujada en mi rostro durante el día.
Dibujo una palabra en el suelo, con mis ojos cerrados, una
A, una M, una O, y una R, amor... es el culpable de mi felicidad, pero el amor
que siento por mí, porque aprendí a dedicarme todo aquel tiempo que jamás me
dediqué y recuperé mi querer, yo soy la culpable de mi felicidad...
No es secreto que mi alma corría sin cesar, hacia un lugar donde esperaba mi corazón ser escuchado y por la belleza y la calma fue apresado… no es cierto que andaba sin rumbo, ni sin sonrisas que dibujar en mi cielo, no es cierto que mis lágrimas eran el preludio de tiempos donde la tristeza emanaba aromas de sueños inacabados, es cierto que mis lágrimas eran la expresión de tiempos difíciles, tiempos en los que huir era una manera fácil para volver a sonreír.
No es secreto que decidí parar mis pasos y hacerle frente a mi realidad, mirarte a los ojos para que tú bajaras tu mirada y no fueras capaz ni de emitir una sola palabra, ni tan sólo, un simple gemido.
No es secreto la fuerza de mi mirada, la transparencia de mi sentir, no es secreto que me hundí para hoy saber que estoy mejor sin ti.
Ya no es secreto que hoy me sentaré a esperar, disfrutar sin más, de ese paraíso que mis ojos crearon, de ese lugar que el mar enfurece y calma, que endulza pese a sus aguas saladas, que es el reflejo de cada palabra soñada.
Me sentaré a mirar el horizonte y explicaré la historia de una chica que al cielo miraba cuando azul estaba, de aquella chica que sus paisajes coloreaba, y sus flores las convertía en pequeñas imágenes abstractas, de aquella chica que tras su cámara amaba cada rincón visto a través de su visor, para continuar caminando y volverme a encontrar siempre con mi paraíso…
Explicaré la historia de una chica que amaba al igual que erraba, que sonreía al igual que lloraba, que abrazaba y acariciaba y que su corazón le dominaba, explicaré mi historia a través de “simples” palabras, no es secreto que llevan mi sello, y así mostrar aquella persona alegre que perdiste en cada caricia fingida, en cada beso sin amor, en cada mirada vacía, perdida en el deseo, el placer y la falta de sentimientos…
Y continuaré creando paisajes, donde los sueños se hacen realidad y gritaré al mundo que estoy llena de felicidad, que la fuerza no me faltó jamás, escribiré para sanar y sanaré para sonreír, sin más…
Ya no es secreto que aquí mi alma está, explicando historias de hadas que algún día haré realidad…
Se oye algo, a lo lejos… una canción que mi llanto no silencia, se oye algo, a lo lejos, una palabra que la mentira se adueña.
Sigo mis pasos apesadumbrados pero fuertes, sigo el camino con mi alma endurecida por las caídas y miraré atrás sólo para asegurarme de que allí continúas, y miraré atrás para no olvidar que un día, me fingiste amar.
Hay unas escaleras frente a mí, debo superar la oscuridad y llegar a la luz, me siento en un escalón y lloro por última vez presa de aquella oscuridad, grito mis lamentos por última vez, saco mi ira y mi furia, pego fuerte contra la pared de piedra y mis nudillos sangran, allí queda la marca eterna de mi sangre, dejé en el suelo tu regalo que manchaste de mentiras… descalzo mis pies, desnudo mi cuerpo, si quiero ir hacia la luz, debo empezar a dar mis pasos con la pureza de mi alma, sin pasado sobre mis ropas, ni sobre mi piel.
Me falta el oxígeno y la ansiedad bombea con fuerza mi corazón, grito de nuevo para así finalizar mi llanto y poso mis pies sobre la piedra del primer escalón, se clava con fuerza en ellos, mas aguanto el dolor, ya nada puede ser peor, pues mi corazón sangra junto con mi mano, me acerco a la luz, mi piel empieza a bañarse de un tono cálido, miro mis manos, la sangre se desvanece y la herida cicatriza, no debo mirar atrás, allí dejé mi dolor. Continúo subiendo, la luz ya ilumina mi rostro, cierro los ojos pues es cegadora, en el siguiente escalón ya todo mi cuerpo estará iluminado por el camino que escogí, mi último paso en la oscuridad ya lo di y atrás quedaste, como una sombra del pasado que jamás podrá entrar conmigo en la luz de mi camino, y ya por fin, mi cuerpo tembloroso por el frío intenso de la oscuridad, siente un calor indescriptible, se introduce por cada poro mi piel, y sin más me doy cuenta, girando mi cabeza, que no puedo ver más allá de aquel arco, ya no puedo ver lo que dejé de aquel otro lado, en el lado de la mentira, la desidia y el lamento, ahí quedaste, con todos lo buenos y malos recuerdos, bañado por tu propia oscuridad...
Volveré a cubrir mi piel con ropa nueva, volveré a calzar mis pies, ya sus heridas curaron, al igual que curarán las de mi corazón… es mi camino el que llené de luz, es el tuyo el que entre sombras quedó...
Despierto una mañana, fría, nubosa, finas gotas de lluvia tintinean al chocar contra el suelo y crean una música que, curiosamente, va al compás del latido de mi corazón... miro a mi alrededor, la ventana permanece cerrada, hace frío, es otoño, imagino las calles adornadas por esa alfombra de hojas, caídas por el paso del tiempo... la persiana deja entrar por sus pequeños huecos algo de luz... será que durante mi noche no quise la absoluta oscuridad y por ello permití que entrara algo de luz...
Anoche no soñé, de hecho, llevo años sin soñar o sin recordar mis sueños, que al fin y al cabo, viene a ser lo mismo, querrá decir entonces, que en mis noches no resuelvo mis inquietudes ocasionadas durante el día, tal vez por eso hace tiempo que decidí soñar despierta, sólo que mis sueños diurnos, no son más que mi alma volando en un mundo que sólo yo he creado, nada resuelvo así.
Miro hacia el techo... hacia mis lados... 4 paredes, no engañan, guardan historias de noches pasadas, tal vez demasiadas... sola o acompañada, pero noches pasadas…
Escucho el maullido de mi gato... otro día empieza de nuevo... él siempre me aproxima a la realidad, tal vez porque nunca aparece en mis sueños.
Decido levantarme sin pensar en lo que haré durante el día, hace tiempo que mis pasos no avanzan, hace tiempo que camino en círculo, golpeando una y otra vez con las mismas historias, con las mismas preocupaciones... pertenezco a una generación perdida y yo, me perdí con ella...
Sonrío, creo que soy feliz, creo... ¿feliz pese a estar perdida? Tal vez he creado mi propio concepto de felicidad... miro mi reloj... ¿qué voy a hacer hoy? Decido embarcarme en un viaje a la ciudad condal... voy caminando a la estación de tren, durante mi caminar escucho niños reír, jugar, tal vez sea esa la única felicidad válida, la felicidad que realmente es pura, la felicidad que no está contaminada con el dolor de los adultos, con aquel dolor del que no sabemos prescindir y es que los adultos somos... ¿estúpidos?
Llevo sobre mis hombros el peso de una decisión desacertada, llevo sobre mis hombros el peso de mi hipoteca, el peso de formar parte de los más de cuatro millones de parados en España, me esclavicé a algo material, algo que jamás pensaba que sería lo que me impediría... VIVIR...
Es un lujo para mí ir a la ciudad condal, 3€ ida, 3€ vuelta, 6€ de gasto en un día es demasiado, pero en ocasiones hay que “escapar” de la rutina.
Mi cámara siempre me acompaña, esa gran compañera de viajes, testigo de penas y alegrías, 45 minutos en tren es el tiempo suficiente para soñar despierta, siempre que voy a Barcelona me encuentro con la cruda realidad... así que prefiero soñar antes de llegar...
Camino por calles muy transitadas, caminantes que piensan, ríen, lloran, parejas que se aman, parejas que discuten, un beso, un dolor percibido, mientras sobre mis pasos llevo mi carga y levanto mi mirada, entonces le veo allí, buscando entre la basura... me mira, esboza una sonrisa, su pelo está sucio, creo que lleva así semanas, sus ojos se clavan en los míos como auténticos cuchillos y hurga en mi interior, su mirada es... el reflejo de la mía y me duele que desnude mi interior de tal manera, pero no puedo retirar mi mirada de la suya y entonces comprendí, continuaba soñando despierta, aquella chica era parte de mi ser, era aquella persona en la que temía convertirme.
Ella empieza a correr y yo atrapada en mi sueño voy en su búsqueda, llego a un callejón sombrío ocupado por personas con frágiles casas hechas de cartón. Miradas y más miradas, parejas sin caricias, madres abrazadas a sus hijos, sus ojos me siguen mientras yo avanzo y miro atónita aquella forma de vida, la tristeza que ellos sienten se apodera de mí por milésimas de segundo, los niños no ríen, sólo permanecen callados bajo el cobijo de sus madres, sus ojos están... vacíos.
Me acompaña una sombra en la oscuridad, a mi lado, como parte de mí y esa sombra me coge de la mano, un escalofrío, un aliento helado en mi nuca, quiero despertar, no es un sueño, es una pesadilla, pero, ¿por qué la estoy creando?
La sombra aprieta con fuerza mi mano, tanto es así que siento como la sangre intenta abrirse paso entre mis venas presionadas mientras mi corazón bombea con fuerza. Siento miedo, temo preguntar qué hacen allí, dónde están sus hogares, y en silencio continuo caminando. De repente la chica a la que seguía se pone frente a mí, mi corazón parece pararse, ya apenas siento mi mano, sus pupilas son enormes, y mis ojos empiezan a vaciarse, lo puedo sentir, ella me vacía para llenarse de mí y yo me voy llenando de ella.
Aturdida con mis ojos ya casi vacíos y mi mano dormida, ya apenas la siento, el silencio se rompe, los niños gritan, son gritos de dolor, de pena, la lluvia empieza a caer y sus frágiles casas, se deshacen, no hay palabras, sólo gritos, pero siguen inmóviles, mientras sus cuerpos semidesnudos, sus pies descalzos y sus cabellos sucios, quedan a disposición de la lluvia, sus lágrimas son limpiadas por el agua dulce que sobre ellos cae, pero con el dolor de no tener un hogar donde resguardarse de esas gotas de lluvia que se clavan como alfileres en su piel, atravesándola y recorriendo su cuerpo, su pequeño y delicado cuerpo, por cada vena atravesada un lamento gritado.
Detengo mis pasos y cierro los ojos, quiero volver en mí, pero cuando los abro de nuevo me veo bajo una de esas casas de cartón, mi ropa está sucia, mi cabello es el vivo reflejo de alguien que carece de hogar, excesivamente despeinado y con una suciedad extrema. La lluvia llega a mí y mi casa comienza a deshacerse, mi refugio cae sobre mí, la lluvia se convierte en mi peor enemiga y entonces la vuelvo a ver al otro lado, riendo, disfrutando de mi dolor, de mi sufrimiento, la sombra aprieta mi pecho y la pena inunda mi corazón, es la lluvia mi lamento... ¿quien acudirá ahora a mi rescate si me veo atrapada por mi propio y quebradizo hogar?
Su risa diabólica martiriza mi mente y su aspecto cambia, se vuelve limpia y radiante mientras sigue riendo... se va... huye de este mundo creado por alguien, de esta calle ocupada por familias enteras sin hogar y yo lloro por haberme convertido en una de ellas.
Llega la noche, la temida oscura noche y con ella su frío intenso, cómo resguardarme si mi hogar quedó destruido como el de todas las personas que allí estábamos, cómo volver a mi hogar si parecía que aquel lugar ya lo era, si aquella chica que creí ser yo, se adueñó de mi vida.
No quiero ver mi realidad, mi horrible realidad, cierro los ojos para intentar soñar y una mano acaricia mi rostro, cuánto calor desprende, esa suavidad la conozco...
-¿mamá? quiero despertar de esta pesadilla. ¿Por qué tanta gente sin hogar?
No me contesta, pues ella es parte de mi realidad, no de mi pesadilla, quiero gritar, salir corriendo, huir de esta extraña irrealidad, y empiezo a pensar, a comprender, la chica que huyó era mi deuda, la hipoteca que arrastro sobre mis hombros, aquella a la que ahora ya no le puedo hacer frente, aquellas personas eran víctimas de esta crisis, familias enteras que no pudieron pagar sus hipotecas por falta de trabajo y que a nadie más tenían, privadas de un derecho constitucional, derecho a un hogar digno, humanidad deshumanizada... despierto, sin más, pues debo volver y asumir que mi lucha cesó y que mi hogar está de nuevo, con mis padres, afortunada soy por tenerles.
Cada vez que cierro los ojos, veo a las personas que aún viven en aquella calle que yo pude abandonar gracias a mi familia, si no fuera por ellos, estaría aún llorando la pérdida de mi hogar, estaría aún vagando mi alma por calles buscando refugio, que injusto.
Te veo al pasar amor, como una espera larga en el tiempo, recuerdo aquellas miradas cruzadas imposible que sean olvidadas, aquellos largos paseos cogidos de la mano, aquellas risas pintadas en cada rincón...
Te veo al pasar amor, sin nombre, ni canción, triste, sin rumbo… te veo pasar amor, como una estela, como una suave brisa en la mañana. Mi rostro arrugado recuerda la suave piel de tus manos, no es el tiempo lo que pasó, es tu amor el que se marchitó, no hay tiempo en el amor.
Dime si no es verdad que el amor se ha de plantar, regar, cuidar, al amor se le ha de hablar con pequeños susurros que le hagan estremecer.
Dime si no es verdad, que los años me enseñaron a soñar, a seguir soñando contigo porque sé que un día volverás, y volveré a ponerte rostro… no es dulce la espera, es larga y amarga, pero sé que si sigo esperando volverás a acariciar mi envejecido y arrugado rostro.
Aprendí a esperar, esperaré pintando sonrisas en nuestro cielo, esperaré, pintando sonrisas por las calles paseadas, te esperaré, no me importa envejecer...
Te miro a través de mi ventana y te veo caer, lluvia,
amenazante de un día sin sol, la melancolía juega sin saber que es mi corazón
el que debe a mi alma querer.
La incomprensión de la vida es la que nos quita la felicidad,
mas no es tan difícil comprender que algo viejo debe morir, para que algo nuevo
nazca, “cerca del final, donde todo empieza”, canta Fito...
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Gotas de lluvia amenazan con humedecer mi rostro, saladas
como el agua del mar, curioso… tintinean al compás del viento, vuelan hasta
caer y estallar en el suelo, los truenos se apoderan del cielo, no es mi alma
la que llora hoy, es mi vida la que lamenta, yo sólo estoy presa de mi sentir...
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Gotas de lluvia que caen sin cesar, reflejos de un cielo
blanco, gris, reflejante de una luz inmensa que ni el mismo sol es capaz de
dar, es allí donde busco esa paz, con la música de tu danzar.
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Gotas de lluvia posadas en mi cristal distorsionan mi
visión, allí fuera, dónde nada tiene sentido y paradójicamente todo cobra
sentido, allí fuera, luces que gritan por alumbrar callejones oscurecidos, no
es tu llanto mi gemido, es el sufrimiento vivido.
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Lluvia, aumenta tu intensidad, limpia cada rincón de este
mundo contaminado, llévate rápido su dolor, su pena, su angustia, abraza su
corazón agotado y descontamina su alma...
Salí en busca de paz, fui a aquel lugar donde el agua, los pájaros y el verde de los árboles, hacen que parezca que vivo un sueño, tal vez le haya perdido el sentido a mi caminar, pero no he perdido el amor por la naturaleza...
El pantano, mi pantano, ha bajado su caudal de agua, la tristeza me invade, creo que este lugar empezó a morir junto con lo nuestro, ya no está nuestra magia aquí y este lugar muere sin esa magia, pienso... “no more tears”…
Prosigo mi camino, con el móvil desconectado, quiero sentir y vivir el cantar de los pájaros, sin nada que me distraiga.
Me cruzo con una familia.
-Hola!- les saludo pese a estar algo huraña.
-Hola, ¿está muy lejos el pantano?
Observo, dos niños corretean a su alrededor…
-15 minutos – les contesto, pues los niños aunque tengan una energía asombrosa caminan despacio, cuánto desearía que mis pasos fueran más pausados, cómo me gustaría volver a esa niñez donde las prisas no tienen cabida, tal vez así aún disfrutaría más de mis momentos.
-Gracias!
“Buen Camino” les iba a decir y solté una carcajada que sólo yo pude escuchar.
Vuelvo a emprender mi camino, de repente, entre tanto verde vislumbro una flor rosa sobre una piedra… debe ser mi imaginación!! Parpadeo varias veces y sacudo mi cabeza para aclarar mi vista, como si fuera un espejismo lo que estoy viendo, pero la flor sigue en el mismo lugar, era la rosa, aquella que me acompañó durante el “Camino de Santiago”, no puedo creer lo que mis ojos están viendo.
-¿Javi? – Nadie contesta (pienso apenada)
Cojo la rosa, en realidad mi mano está vacía, pero yo veo la rosa en ella, con su tallo entre mis dedos, la llevo a mi nariz, cierro los ojos para así, anular mi vista y concentrar mi sentir en el olfato… mmmm… ese aroma… cuánto lo echaba de menos...
Noto una presencia… alguien me abraza, suspiro… percibo tu magia, la magia que nos acompañó en nuestra primera conversación, sé quien eres… Javi...
-Hola amor… - me susurras…
No quiero abrir mis ojos, quiero seguir sintiéndote, cuando abra los ojos ya no estarás, y vuelvo a soñarte… caminamos cogidos de la mano por mi pequeño-gran paraíso...
Y tu alma me hace olvidar lo que la mía arrastra en pena, un amor idealizado que me hizo morir en vida, acaricias mis brazos desnudos y con cada caricia mi corazón va cicatrizando sus heridas, respiro tu aire puro y mi ansiedad desaparece. Mis ojos continúan cerrados, tocas suavemente mi cara, mis labios, acercas tu boca a mi nuca y me susurras...
-Te amo… abre los ojos...
Una lágrima cae por mi mejilla, despierto de mi sueño, la tristeza me abruma, ahogo un suspiro, dejo salir por mi boca un sonido de dolor y es que te volví a soñar y te volví a perder… cerraré los ojos para soñarte las veces que lo necesite, pues sanas mi alma… así que, deja que vuelva a escribirte en el lugar que volví a soñarte, “chico de Almuña”.